Protocolos “al fallo” vs “por percepción”: efectos sobre la masa muscular y la fuerza

En el entrenamiento de fuerza los protocolos “al fallo”, es decir, hasta un grado de fatiga que impide vencer la resistencia que se opone, es muy utilizada por usuarios de todo el mundo, asociándose con resultados objetivos. Recientemente se han publicado los resultados de un estudio (Nóbrega y col, 2017; J Strength Cond Res 24-ene) cuyo objetivo fue investigar los efectos del entrenamiento de fuerza (RT) en altas y bajas intensidades realizados hasta el “fallo” o hasta la interrupción voluntaria, sobre la fuerza muscular, área transversal muscular (CSA), ángulo de penación (PA) y activación muscular. Participaron 32 varones no entrenados, que entrenaron diferentes protocolos unilaterales de fuerza: RT al fallo a alta (HIRT-F) y baja (LIRT-F) intensidad, y RT con interrupción voluntaria (los sujetos interrumpieron voluntariamente las repeticiones cuando consideraron una fatiga suficiente) con alta (HIRT-V) y baja (LIRT-V) intensidad. Las diferentes valoraciones de función muscular e hipertrofia se realizaron antes y después de 6 y 12 semanas de iniciar el entrenamiento. Los resultados mostraron que el valor 1-RM aumentó de manera similar en todos los protocolos utilizados. Todos los protocolos fueron igual de eficaces en incrementar CSA a las 12 semanas. Tampoco se observaron diferencias entre grupos en el aumento del PA que fue significativo. Los valores de amplitud electromiográfica (EMG) fueron más elevados en los protocolos de mayor intensidad. Los autores sugieren que los protocolos de entrenamiento de fuerza de baja o alta intensidad regulados en el número de repeticiones por la percepción del esfuerzo (interrupción previa “al fallo”) son igual de eficaces en la mejora del incremento de la masa muscular, fuerza y aumento del ángulo de penación al compararlos con protocolos realizados “al fallo”.

En los últimos años está quedando claro que no hay una única forma de entrenar las distintas expresiones de la fuerza muscular, así como las adaptaciones estructurales y funcionales que la acompañan. Diferentes investigaciones nos han ido mostrando como se pueden alcanzar similares adaptaciones por distintos caminos siempre que se respeten los principios fisiológicos. En este contexto, como también ocurre en resistencia aeróbica, es tentador establecer conclusiones rápidas y atractivas tipo “da igual volumen o intensidad ambos nos llevan al mismo final”, y esto no es así en todos los casos. Lo que está claro que conforme más bajo sea el nivel de adaptación funcional de cualquier célula, tejido, órgano o sistema, más receptivo va a mostrarse a cualquier estímulo, en nuestro caso al ejercicio. Pero los entrenadores deportivos saben, que cuando la adaptación estructural y/o funcional es muy elevada, la especificidad del estímulo es innegociable.

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